La Teta Frustrada

De más está decir que cada una desteta cuando quiere y como quiere, pero siento la necesidad de escribir este post para las que, como yo, nunca se habían parado a pensar sobre el destete.

Es muy común y popular esa frase que dice que “más vale una mamadera con amor que una teta frustrada”. Es harto normal escuchar a abuelas, pediatras, vecinas, amigos y hasta jefas y compañeros de trabajo recomendar con absoluta tranquilidad el destete a través de esta frase.

Bueno es cierto que en sociedad decimos muchas cosas sin pensar realmente lo que estamos diciendo. Pero… ¿y si le dedicamos un ratito a reflexionarlo?

Primero de todo la teta no se frustra. La frustración es una emoción de la mujer que, muchas veces, se siente invisibilizada al reducirla a una teta.

La teta le pertenece a una mujer que le pone cuerpo y alma a la crianza de su bebe. Alma, amor, espíritu, emoción, valentía,… y cuerpo mucho cuerpo.

Ya sabemos que para el bebé no hay nada mejor que la teta, porque no es solo el alimento sino la contención física y emocional que recibe en el acto de mamar. También sabemos que se puede dar mamadera o biberón con mucho amor y contención, pero que la leche de fórmula aún está muy lejos de acercarse a los beneficios de la leche materna.

Dicho esto pensemos… ¿qué es lo que hace que una mujer se sienta agobiada y frustrada cuando amamanta? Motivos habrá tantos como mujeres que amamantan pero las principales razones suelen estar escondidas bajo esa aparente demanda desmedida de los bebes por beberse nuestra emocionalidad a litros.

Dar de mamar requiere un cambio de ritmo y una entrega que, en nuestra sociedad no suele encontrar cabida más allá de los 6 meses (y durante también). Ya he escrito sobre esto en el post de la teta rebelde –si no lo has leído te lo recomiendo- pero retomo aquí la idea de que muchas mujeres, al dar de mamar, se sienten excluidas de la sociedad. Nuestra sociedad es experta en aparentar por lo que la exclusión suele ser sutil, pero no por ello deja de ser violenta.

¿Qué nos pasa a muchas cuando vamos a dar la teta en público? Que la gente que nos rodea a veces –bastantes- se incomoda, desvía la atención, la conversación, la mirada o incluso el cuerpo (se disuelve el grupo, giran las sillas para no mirar,…) o te ofrecen un lugar apartado  para darte más intimidad. Con la intención de protegerte y cuidarte se están protegiendo ellos mismos y también te están apartando de un espacio en el que tu te sentías a gusto. Sientes que rompiste algo, que “cortaste el rollo” o incluso sientes culpa por haber incomodado a los demás.

Es cierto que al principio el bebé necesita esa intimidad y ese silencio para mamar. Los propios bebes se suelen quejar si la madre no se conecta con ellos durante las primeras semanas. Ese reclamo del bebe es puro instinto ya que la conexión es fundamental para el vinculo maternofilial y para garantizar la lactancia. Pero cuando esta está bien establecida el propio bebe disfruta de ese ratito de mama en grupo. Cuando los niños y niñas ya han adquirido movimiento incluso son ellos los que se desplazan en busca de la teta sin pretender que mamá deje de hacer lo que hacía. Pasados los primeros meses se puede dar la teta en cualquier situación que no incluya riesgos secundarios (manejar, andar en bici, yo que sé, cosas lógicas).

Es normal que nuestros bebes, con su demanda emocional vital y totalmente lícita, cuando sienten que nos conectamos con algo/alguien vengan a ver que pasa y quieran mamar. A los bebes de más de 6 meses no es que les da hambre todo el rato, es que tienen miedo  de que su madre se olvide de ellos. Es un miedo instintivo que nos ha mantenido vivos hasta hoy, un miedo que se traduce en “si mamá no está atenta a mi para protegerme de los peligros yo me acerco a ella y me protejo solito. Mama puede seguir haciendo lo que estaba haciendo pero yo aquí estoy a salvo”. En realidad es un síntoma de independencia, de autocuidado, y poco a poco (muy poco a poco a veces –tienen unos 7 años para ultrapasar esta etapa-), irán menguando la intensidad y el reclamo y se irán distanciando.

Pero si en esos momentos de amamantamiento en público excluimos a la madre –aunque sea con la intención de protegerla (ella se protegerá sola si considera que lo necesita)-, o le hacemos comentarios irrespetuosos hacia ella o hacia el bebé ( lo vas a malcriar, eso es vicio, te está tomando el tiempo, la teta ya no alimenta,…) vamos haciéndole sentirse mal, fuera de lugar, incomprendida,… y toda esa energía, todo ese amor y ese cuerpo que ella pone en ofrecerle lo mejor a su futura generación se le vuelve en contra convertido en miedo, inseguridad y frustración.

Y entonces actuamos como con la medicina alopática, que ataca el síntoma y no la causa, y decidimos destetar pensando que eso es lo que nos hace mal.

Ya he dicho, pero lo aclaro por las dudas, que cada una desteta cuando quiere y considera, pero, desde el amor más profundo, te invito a reflexionar cuándo y cómo quieres destetar; si  la decisión es tuya o si lo haces por presiones externas. Porque en realidad, muchas veces considero que la exijente demanda de nuestr@s hij@s no lo sería tanto sin la exijente demanda de la sociedad. Con teta o sin ella la demanda emocional de l@s ni@s no va a menguar, cambiará de forma cuanto mucho.

Qué pasaría si, cuando vemos una mujer frustrada, en vez de recurrir al destete como posibilidad de brindarle espacio a la madre le acompañamos liberándole de otras cargas no tan importantes como ordenar la casa, darle un baño a la hija mayor, prepararle algo de comer…. Qué pasaría si cuando esa madre que dice que ya no da más en vez de sugerirle que se separe de sus hij@s le, prolongamos las fechas de entrega, permitimos flexibilidad horaria,… ¿Qué pasaría si nos acompañamos más como adult@s sin estigmatizar el vínculo maternofilial?

Y tu, ¿te has sentido excluida alguna vez por dar la teta en público? ¡Me encantaría leer tu experiencia en los comentarios! Si te interesa yo te cuento en este otro post como fue mi primera teta durante una clase en la universidad.

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