Criar y Acompañar

Cuando estaba embarazada por primera vez meditaba cada día proyectando amor y, sin querer, expectativas en ese bebe que estaba gestando. Nunca había sido una persona especialmente vinculada a la maternidad por lo que, de pronto, me encontré leyendo y leyendo cualquier texto sobre embarazo y parto, maternidad y crianza, lactancia y salud,… y así todas las categorías vinculadas a este nuevo desafío de vida.

Pese a la información que podía ingerir, como en casi toda disciplina, sin práctica la teoría no tiene sentido. Muchos de los textos resonaban en mi y me parecía que eso de la crianza sería maravilloso e incluso fácil. ¡Jaja! Ahora me rio y me sorprendo ante mi propia ingenuidad.

Llegó el día del parto y a veces pienso que aun no me he recuperado del susto. No por el parto en sí que sigo pensando que es la experiencia más hermosa de mi vida , sino por lo que vino después.

Supongo (¡espero!) que hay gente naturalmente maternal que es capaz de dejarse fluir y de criar sin miedos. Madres y padres capaces de confiar en su instinto sin que les reviente la cabeza; personas que pueden abrazar sus errores y llamarlos aprendizajes… Pero, para una escorpiana luna en capricornio, la maternidad puede ser tan hermosa como dolorosa, dulce y áspera, un camino profundo e intenso, lleno (¡plagado!) de miedos.

Tras el parto atravesé un umbral sin retorno hacia la comprensión de palabras tan comunes como libertad y respeto. Ante mi había un ser rebosante de vitalidad y yo no quería corromperlo. Este ser, encarnado en niña, había llegado con la fuerza de un huracán (y el temperamento de un tsunami) a remover todos mis lugares comúnmente cómodos. Una oportunidad sin igual para crecer y evolucionar.

Al principio la crianza se resume a paciencia y teta. Paz y cuerpo. Entrega. Susto. Susto brutal porque toda tu vida pega un giro de 180º y te sorprende que el resto del mundo siga con sus rutinas sin inmutarse. A ti te ha cambiado tanto la vida… y aunque al principio esperas ansiosa el regreso a la normalidad luego, poco a poco, te das cuenta que esa normalidad ya nunca volverá. Y entonces la paz te empieza a faltar… y el cuerpo… el cuerpo… ¿Con lo maravillosa que estabas hasta horas antes del parto, porqué la naturaleza no puede mantenerte así siempre? ¿Dónde se han perdido tus abdominales? Te duele la espalda, los brazos, las tetas… quieres correr pero con bebe en brazos no puedes… quieres gritar pero ¡no! Que se puede despertar… ¿Porqué nadie me había dicho esto antes?

El tiempo va pasando, para algunas más rápido que para otras, y tu primer año de crianza culmina con una velita sobre un pastel que apagas casi con un suspiro. Estas emocionada pero exhausta. Probablemente tu hija ya camine o esté a punto y sientes la libertad de las dos manos libres aunque temes la cantidad de nuevos desafíos que esto involucra.

A cada paso que ella da su personalidad, que hasta ahora había aparecido de forma magistral como el bordado de un pañuelito de tela, se va afianzando y forjando.

Los bebes no son tabula rasa como decía Rousseau, vienen con mucho y en nuestra mano está acompañarlos y potenciarlos.

A veces pensamos que podemos tallar a nuestros hijos y moldearlos para que sean lo más perfectos posible, sin darnos cuenta que ellos, por sí mismos, ya son perfectos. Sin querer hemos creado miles de expectativas, a veces imperiosas –será abogada, bailarina, medico, ingeniera, domador de tigres,…-, y otras más sutiles –debe hacer silencio cuando hay gente delante, hay que sonreir siempre para que nos vean felices, no comerá carne o azúcar, su color preferido será…-.

Sea cual sea tu estilo tratas de hacer todo al pie de la letra de las teorías que casan contigo, pero tu hija siempre parece que se sale de la norma, que te plantea un desafío constante, que eso de criar no es tan fácil como los libros dicen.

Las expectativas son proyecciones bienintencionadas de nuestro inconsciente que tienen que ver con nuestros deseos y no con los de ellos. Dejemos a nuestras hijas e hijos ser ellos mismos, liberémoslos de nosotras y de nuestras familias. Seguramente que, cuanto más libres les permitamos ser, cuanto más respeto podamos inculcar y mas acompañamiento ofrecer –incluso cuando no compartimos su visión o camino- más ganas tendrán de seguir perteneciendo a nuestro clan y ellas también, acompañarnos a nosotras.

Afortunadamente, un día eres capaz de ver que ella es perfecta. Alejada de percentiles, patrones de movimiento, teorías psicológicas y de evolución, ella es libre. Entonces dejas de tratar de moldearla a tu gusto y aceptas los desafíos de su ser como un hermoso regalo para poder crecer.  Es ahí que te das cuenta que su espíritu es tan grande que el nuestro puede parecer ridículo a su lado. Luego te cambia la mirada y eres capaz de ver en ella el camino, a la gran maestra.

La crianza te enfrenta a un espejo que proyecta un reflejo de tu interior tan fuerte que no te permite continuar viviendo engañado a no ser que decidas cerrar los ojos. Es una oportunidad sin igual para el crecimiento y el desarrollo personal. Para mi la crianza ha sido (y es) aprender a respetar al otro tal cual es y acompañar en todo eso que me encanta de ti y también en lo que no, desde un lugar de igualdad y amor.

Estas son palabras que se escriben fácil, pero haberlas entendido me costó años. Hoy, tras haberlas incorporado, sigo repitiendo como un mantra que no quiero olvidar y como un bálsamo que, a veces, me ayuda a sanar lo que no soy capaz de entender: integrar en la diferencia, amar y acompañar su camino. No solo su camino, también el mio y el de las personas que me rodean.

No es fácil en absoluto pero esto es lo que significa, para mi, maternidad, libertad y respeto. ¿y para ti? Me encantaría leer tu visión en los comentarios.

4 comentarios sobre “Criar y Acompañar

  1. tal cual y como cuesta no proyectarse uno en esa niña o niño y dejarlo libre que elija sus gustos su camino. Igual creo q el ejemplo es una enseñanza muy fuerte ellos aprenden de lo que uno hace con ellos.

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  2. Tus palabras me han transportado a un poema que leí, cuando aún solo era hija, en la pared del cuarto de la madre de un amigo. Me encontraba en plena adolescencia y el texto me pareció fundamental, sobre todo pensando en que algún día quería ser madre. Le pedí a mi amigo que me lo fotocopiara, tenía miedo de no recordarlo cuando llegara el momento.
    Es un poema de Khalil Gibran y lo transcribo a continuación:

    Tus hijos no son tus hijos, 
    son hijos e hijas de la vida 
    deseosa de sí misma.

    No vienen de ti, sino a través de ti, 
    y aunque estén contigo, 
    no te pertenecen.

    Puedes darles tu amor, 
    pero no tus pensamientos, pues, 
    ellos tienen sus propios pensamientos.

    Puedes abrigar sus cuerpos, 
    pero no sus almas, porque ellas 
    viven en la casa de mañana, 
    que no puedes visitar, 
    ni siquiera en sueños.

    Puedes esforzarte en ser como ellos, 
    pero no procures hacerlos 
    semejantes a ti 
    porque la vida no retrocede 
    ni se detiene en el ayer.

    Tú eres el arco del cual tus hijos, 
    como flechas vivas son lanzados.

    Deja que la inclinación, 
    en tu mano de arquero 
    sea para la felicidad 
    Pues aunque Él ama 
    la flecha que vuela, 
    Ama de igual modo al arco estable.

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