Mi primera guía de maternidad: un taxista Boliviano

Cuando me quedé embarazada en  mi entorno cercano no había niños. Vivía en un país en otro continente y, por lo general, la gente con la que nos relacionábamos eran pares (inmigrantes estudiando y/o trabajando a lo loco) y algunas familias con sus hijos ya crecidos. Nada de bebes ni primeras infancias. Hasta entonces nunca había sido muy cercana al mundo prenatal: de mis amigas de toda la vida ninguna tenía hijos, mis hermanos tampoco y con mis primos recién nos largamos, más o menos, todos al mismo tiempo. Por eso cualquier referencia al embarazo parto y crianza, en mi imaginario, tenía más que ver con lo adquirido por las películas que con la vida misma.

Por eso quizá, recuerde tan bien aquella noche. Aquella noche en la que volvíamos de casa de Lisandro y Vicki, de jugar a los 100 trucos de magia con Anita y Juan, de comer humus y Gi, de buscar Grecia y Alejandría en los mapas y, entre tanto de hablar del nacimiento de Ana, que nació en casa y fue un parto natural.

No sé como es que llegamos a esa conversación pero entonces nos animamos a contarles que yo estaba de 6 semanas. Nos recomendaron una partera y abrieron en nuestra mente una ventana nunca antes vislumbrada. Era lunes 30 de Abril y decidimos volver a casa paseando por Cabildo en los límites de la ciudad. Hasta ese momento no se nos había ocurrido pensar en la forma de parir y el paseo, marcado por el frío y la prisa nocturna, establecía una pregunta a cada paso. Una pregunta que, en la ignorancia, rozaba el miedo, el desconocimiento… Comenzó a llover y decidimos tomar un taxi, era tarde y al día siguiente había que madrugar.

taxi-498437_1920

Paramos uno que pasó de largo y, aunque lo corrimos, no sirvió para nada. Atrás llegó otro, con luces de neón y llaveros y fotos colgando del retrovisor. Al poco de montar tocaron las doce de la noche y el taxista nos felicitó el día del trabajador. Era primero de mayo. Le devolvimos la felicitación y el taxista tomó pista para contarnos de su jornada laboral, de los peligros de ser taxista en Capital, que el taxi era suyo y…

-¿ustedes tienen hijos?

Si aquel diálogo lo hubiese encontrado en un guión hubiese dicho que no era verosímil.

-Estamos en ello.

-¡Uhhh, es lo más bello y hermoso que tiene la vida!

Y el taxista, boliviano, nos impartió, de repente, un curso acelerado de parto y primera infancia. Atravesando la ciudad supimos de las tradiciones de su pueblo y de lo importante que era en su cultura la familia.

-La prioridad en una casa la tienen siempre los abuelos. Se saluda a ellos primero, se les sirve siempre primero, se aprende de ellos que ya vivieron y son los que saben. Y mi abuelita dice que al bebe no hay que separarlo de los padres hasta el primer año y medio. Después de nueve meses en la panza de la madre ¿como van a regular el frio y el calor solos? Se quedan helados los corazoncitos, por eso hay tantos hombres tristes en la vida, porque un niño feliz es un hombre feliz cuando crece y eso es porque duerme con sus padres. Porque los padres se unen con el nacimiento de los hijos. No es algo de la madre, el padre, aunque no le pueda dar de mamar, está ahí y sabe lo que tiene que hacer y tiene que ayudar a su mujer todo lo que pueda y mimar a su hijo y conseguirle el pan y asegurarse que no tiene frío ni calor y bañarse con él. Limpiarle el culito es lo más lindo que te puede pasar, le dejas limpito y la sonrisa que te dedica… eso no tiene precio… es… es un regalo de la vida. Porque la naturaleza es hermosa, la vida es sabia.

Atravesando la ciudad empecé a desear que la calle Medrano fuese infinita.

-Cuando mi mujer dio a luz al primer hijo no tenía leche. Yo le llamé a mi abuelita y ella me dió la receta de la sopa sacaleche. Se la cociné, se la llevé al hospital y al día siguiente tenía las tetas a reventar. Mi mujer es paraguaya y su familia no conocía esta receta, pero ahora la usan y la dan.

Obviamente preguntamos por la receta:

-Mira es muy fácil, necesitas fécula de mandioca, levadura de cerveza, muchas verduras, todas las que haya, y un pollo. Haces una sopa, con dos o tres litros de agua con las verduras cortadas bien chiquitas y el pollo hasta que se deshace el pollo. Luego le pones una cucharada de la fécula de mandioca y otra de la levadura y ya está.

Mi compañero y yo nos mirábamos entre entusiasmados y sorprendidos y repetíamos por lo bajo los ingredientes para comprobar que no se nos olvida nada y el señor, como si fuese consciente de que toda la información que nos diese sería muy bienvenida para empezar a llenar los espacios en blanco de nuestro desconocimiento, continuó.

-Mis hijos son felices, porque además entienden el guaraní, mi mujer es paraguaya, entonces claro les reta en guaraní. Conmigo hablan en quechua, porque yo soy descendiente inca y en mi casa siempre se ha hablado quechua. Luego, obvio, hablan argentino, por la escuela y por el entorno, pero lo importante es que sepan que, aunque han nacido aquí vienen de pueblos muy antiguos y ellos son esos pueblos.

Como si estuviese programado, llegamos a casa y enciende la luz del auto. Del retrovisor cuelga la foto de su familia, orgulloso nos la muestra. Nosotros, al borde del llanto por la emoción, la “coincidencia” y la magia del momento, dudamos en pedirle su contacto. Pero no, en la vida la suerte viene, y no hay que retenerla, simplemente agradecerla, aprovecharla y dejarla ir para que llegue a cuanta más gente mejor.

Pero el taxista quiere compartir. Nos cobra y apaga el motor.

-En mi pueblo es el padre el que decide cuando el bebe sale de la cama de la madre. Le construye una camita a su hijo, se la tiene que construir él, y la ponen al lado de la cama, cerquita todavía de la mamá. Luego un día ya se lleva a su pieza. En su pieza, tampoco estarán solos. Los niños no tienen que dormir solos. Les da miedo.

El cielo se desplomaba sobre Buenos Aires en una de esas tormentas tan típicas de Capital y que siempre dicen que para las mudanzas, los casamientos y los inicios son síntoma de buen augurio.

-Que tenga muy buena noche señor, y buena suerte.

-Buena suerte para ustedes, que sean muy felices.

Gracias.

Gracias al taxista y gracias a la vida, que, divertida ella, te regala esta situaciones. Gracias a Vicki y a Lisandro por hablarnos del parto de forma tan abierta, natural y sin miedos.

Aquella noche comenzó nuestro camino de m/paternidad. Un camino consciente y elegido. Un camino de búsqueda constante y elecciones propias.  Mucha literatura y muchas reflexiones.

Aún nos quedaban largos meses hasta el parto y después nos enteraríamos que ese solo era el verdadero pistoletazo de salida. Pero gracias a ese camino y a esa búsqueda entendí que no hay formas de parir ideales ni formas de crianza acertadas. Cada manera de llegar al mundo y de crecer es válida para cada quien. Lo que si me parece importante es que sea algo elegido, decidido. Hacer del proceso algo propio.

El embarazo es algo que se va desencadenar solo. La naturaleza sabe lo que tiene que hacer, pero la forma de vivirlo y sobre todo de culminarlo en el parto es una decisión que, si estás en ese proceso, te invito a reflexionar y valorar aquí.  Lo mismo pasa con la crianza. Los niños crecerán y se desarrollarán sí o sí. Pero ofrecerles un círculo virtuoso y, sobre todo, amoroso abonará la tierra en la que afiancen sus raíces.

Ahora contáme vos, ¿crees importante prepararte  para el parto o eres de las que prefiere confiar en la vida y llegar  entregada al momento del parto?

Photo by Pixabay on Pexels.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s