Ganar Territorio

En mi primer embarazo no tuve derecho a una licencia por maternidad. De hecho trabajaba en negro y cuando me quedé embarazada… chau pescau.

Sí, por increíble que parezca en el siglo XXI siguen pasando estas cosas, incluso si trabajas para una asociación que defiende los derechos de creadores artísticos. De hecho fue muy fuerte porque me quedé sin trabajo a los 4 meses de embarazo y aunque luego conseguí otros trabajos mis condiciones laborales –siempre en negro- eran cada vez peores. El combo mujer, inmigrante y embarazada es un lujo para cualquier patriarca que se precie. Y ojo que en “cualquier patriarca que se precie” incluyo a hombres y mujeres porque para eso de la explotación y el abuso de poder yo no me he encontrado diferencias de género.

Total que di a luz justo al inicio de verano y mi insistencia por ver la vida bonita me hicieron creer que estaba de vacaciones y de licencia todo junto. Mi compañero trabajaba doble turno, eso sí, pero por lo demás todo normal.

Cuando mi hija cumplió 3 meses conseguí un trabajo de ayudante de cátedra en una universidad y empecé el curso con el alma en vilo pensando que me tendría que separar de ella. ¿Y la lactancia? Dos semanas antes traté de empezar a sacarme leche y no lo conseguía . El primer día de clase fue horrible. Los 20km hasta la universidad me los hice llorando sintiendo que ahí me cortaban el cordón umbilical por primera vez. En su momento escribí este texto para contar ese desgarro del primer día. Después vinieron el segundo y tercer y cuarto día… y yo seguía sin encontrar la normalidad a eso de separarme. A la segunda semana de trabajo mi compañero tuvo que volver a viajar y ahí el desmadre fue total pues las clases eran por la tarde y noche… ¿cómo haría?

Más de una sabrá la angustia de estar sola con una bebe y no saber con quién dejarla para poder ir a trabajar. A muchas, tras no haber tenido derechos laborales, nos cuesta una barbaridad tomarnos eso días de licencia por motivos personales, pensados y defendidos desde los sindicatos para estas situaciones. Noches sin dormir y cuenta atrás reflexionando sobre si debes ir a trabajar o no, si deberías quedarte en casa y esperar a escolarizarla, si puedes meterla en una guardería, si es mejor que alguien venga a casa, si… miles de preguntas y dudas llenas de angustia y culpa que, a mi parecer, solo ponen de manifiesto la gran distancia que hay entre nuestra forma de vivir y nuestras necesidades de vida.

Afortunadamente apareció, como regalo divino, Fede, un amigo que pasaba a visitar por sorpresa a mi compañero.

-No está, pero necesito ayuda –le dije antes siquiera de ofrecerle un mate.

Mi cara debía de ser de tal angustia que Fede no dudó en ayudarme y se prendió a mi propuesta sin más. Esa tarde nos fuimos los tres juntos, hija Fede y yo  a la universidad. Se nos ocurrió que mientras yo estaba en la clase Fede paseara por los alrededores con ella y cuando ésta llorase aparecía y yo hacía un descanso para darle teta.

El plan parecía perfecto y funcionó bastante bien hasta que pasados dos descansos mi hija parecía no querer dejar de mamar nunca y mucho menos separarse de mi. Toda la clase esperando, Fede haciendo sus mejores esfuerzos para distraerla, yo sonriendo extremadamente queriendo morirme y ella agarrada a mi cual koala.

-Para ¡un segundo! –Pese a la intensidad del momento y los nervios a flor de piel alguna neurona en mi cerebro encontró el camino hacia la luz.- Gente, o sigo con ella en brazos o esto se va a complicar.

Y para mi sorpresa a nadie le importaba que siguiese con ella en brazos. Seguir con ella en brazos significó continuar la clase dando teta casi todo el rato y con Fede ahí sentado por si acaso.

ganar territorio 02Fede me acompañó varias clases hasta que encontré a una familia con la que me sentía a gusto dejando a mi hija. Con esa familia duró unos meses, a veces mi hija no se quería quedar y yo me la llevaba a clase. También alguna alumna se trajo a su hijo alguna vez porque no tenía con quien dejarle. Y no pasó nada grave. Quizá la clase tuvo más interrupciones, quizá hubo algún ruido, quizá nos costó un poco más mantener la atención… pero siempre dimos todo lo programado sin problemas, nunca dejamos nada de lado, simplemente cambió el ritmo y nadie acusó recibo.

Cuando nació mi segunda hija directamente no lo dudé. Yo ya estaba más tranquila y más segura en muchos aspectos, pero cuando se me terminó la licencia maternal (¡en la segunda sí!) volví a la universidad y hasta que ella cumplió los 10 meses la tuve en brazos en clase y, por lo general, pegada a la teta.  Ahora, con dos años, cuando no se quiere quedar en la escuelita, me la traigo sin dramas. Cambian los ritmos, se conquistan territorios y se aprenden otras cosas.

Muchas veces me he quejado de sentirme excluida por querer mantener un modo propio de maternidad. Muchas veces me he sentido que mi forma no encajaba, pero, he de reconocer que a veces me quejaba desde el miedo o el dar por hecho que hay cosas que no se pueden hacer. Se trata de probar y, si lo haces con respeto y amor, por lo general todos nos acomodamos. Simplemente anímate a probar.

Ahora vos, contame, ¿cómo fue tu primer día después de la licencia maternal? ¿eres de las que vas con tus hijos a todas partes o de las que sientes que si estás con ellos te excluyen del mundo? ¿Qué pasaría si fuésemos con nuestros bebes al trabajo siempre? ¿Realmente sería tan terrible o es algo que nos han hecho creer?

Como siempre, me encantaría saber tu opinión en los comentarios.

¡Gracias!

 

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